La figura del traductor como personaje y/o narrador en la novela
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En los últimos veinte años se han venido publicando en España y en Hispanoamérica numerosas novelas cuyo protagonista es un traductor. Algunos ejemplos destacables del caso español son El jinete polaco de Antonio Muñoz Molina (1991), Enterrar a los muertos de Ignacio Martínez de Pisón (2005) o No se hable más de Mariano Antolín Rato (2005). En cuanto al caso hispanoamericano, prepondera la producción de obras de este tipo en Argentina, tales como La traducción de Pablo de Santis (1998), El traductor de Salvador Benesdra (1998) o Historia del pelo de Alan Pauls (2010)1. Son varios los motivos que podrían dar explicación al auge de las novelas que tienen como protagonista a traductores o intérpretes: en un mundo globalizado y en constante movimiento, en el que los países están cada vez más interconectados, la comunicación juega un papel fundamental, por lo que el traductor se convierte en un elemento central de nuestra vida diaria. El desarrollo tecnológico, jurídico, político y económico, así como la aparición en el mundo editorial de los mass media, contribuyen a una necesidad de interactuar con otras culturas en las que no siempre se habla la misma lengua que la nuestra
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Traballo Fin de Grao en Lingua e Literatura Españolas






