Motores y barreras al desarrollo del mercado del hidrógeno verde: análisis de situación para Galicia
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El problema del calentamiento global ha sido identificado como uno de los mayores problemas del planeta, que a raíz del nivel de actividad humana actual y sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) asociadas, se encamina a un futuro de crecientes desastres naturales, pérdida de biodiversidad, y graves impactos socioeconómicos. En los últimos años el hidrógeno verde se ha puesto en agenda por parte de los países más influyentes a nivel mundial como alternativa para los sectores donde las emisiones de GEI son difíciles de abatir, y también como una nueva actividad económica con potencial de promover el desarrollo en países menos industrializados. Para construir un análisis crítico sobre esta alternativa, en este trabajo se realizó una revisión de literatura y documentos institucionales actualizados de organizaciones de referencia, especialmente en energía, para estudiar la senda seguida hasta el momento en el mercado mundial del hidrógeno verde, abarcando sus tecnologías de producción, usos previstos, intercambios comerciales, implicancias ambientales, fuentes de financiamiento y estrategias nacionales y regionales desplegadas. Como corolario de dicho análisis se sintetizaron los principales motores que impulsan su desarrollo y barreras que lo limitan en base a la estructura de un análisis PESTEL. Asimismo, como caso de estudio más específico se recopiló información de diversas fuentes públicas para evaluar las perspectivas de desarrollo de la cadena de valor del hidrógeno verde en Galicia. Este análisis incluyó la búsqueda y sistematización de información sobre los principales proyectos de esta Comunidad Autónoma y el análisis de sus principales características. Finalmente se extendió el formato de análisis PESTEL de motores y barreas también al caso particular del hidrógeno en Galicia. En cuanto a la situación actual, el hidrógeno verde es una alternativa incipiente, que representa menos del 1 % del consumo mundial de hidrógeno cercano a los 95 Mt, pero los distintos estudios proyectan un crecimiento en su demanda que, pese a la incertidumbre de rondaría las 40 Mt para 2030 y valores de entre 200 y 600 Mt a 2050.
Si bien existen varias tecnologías con diferentes grados de madurez, se apunta a que la alternativa mayoritaria para el volumen de hidrógeno verde que se consumiría a futuro es la electrólisis del agua, abastecida con energías renovables. Existen 4 tecnologías de electrólisis de las que la alcalina y de membrana de intercambio de protones (PEM) tienen mayor grado de madurez tecnológica y ya están disponibles y funcionando a escala comercial. No obstante, se proyectan mejoras tecnológicas significativas en todas las tecnologías a raíz del incremento de su escala de producción y del tamaño de instalaciones, que apuntan a la optimización de parámetros operativos como su eficiencia y vida útil, y una reducción muy significativa de su contribución al CAPEX de los proyectos.
Las mejoras tecnológicas y las economías de escala son, además del costo de la energía renovable y los costos de capital, los principales factores de los que dependerá la adopción del hidrógeno verde en las múltiples aplicaciones que se proyectan. Éstas incluyen tanto los usos industriales actuales en refino, industria química y fertilizantes, como los nuevos usos para el hidrógeno verde y sus combustibles derivados entre los que se encuentran el transporte, la fabricación de hierro y acero, las aplicaciones de alta temperatura y el almacenamiento energético. Esto en tanto en las condiciones actuales el hidrógeno verde se produce a precios muy superiores a los del hidrógeno producido actualmente en base a combustibles fósiles (tanto con o sin captura de carbono) y tampoco resulta competitivo con los combustibles ya instaurados para su uso en el resto de las aplicaciones. Aunque el desarrollo del hidrógeno verde lo impulsan políticas gubernamentales que definen objetivos de energía limpia y estrategias de descarbonización, y destinan fondos públicos con subsidios y créditos fiscales para atraer inversión privada a los primeros proyectos del sector, la brecha de inversiones es muy importante, y solo un 4 % de los proyectos planificados han decidido su decisión final de inversión. Esta brecha se acentúa aún más en los países en desarrollo que disponen de menor cantidad de capital público, a la vez que tienen otras prioridades que atender, y dependen de la presencia de banca multilateral y cooperación bilateral con países desarrollados para atraer inversiones.
Una de las principales barreras que limita el avance de los proyectos es la incertidumbre en la demanda, alentada por la falta de competitividad del hidrógeno y la competencia de otras alternativas tecnológicas, además de los riesgos asociadas a tecnologías que aún se encuentran en desarrollo, pudiendo ofrecer una cierta ventaja a aquellos proyectos que postpongan su decisión de inversión. A esto se suma que una parte importante de la producción de hidrógeno y derivados proyectada tiene como destino previsto la exportación, y de momento no se cuenta con la infraestructura habilitante para ello. En este campo además se requiere sortear importantes desafíos tecnológicos en cuanto a la eficiencia energética y costos de almacenamiento y transporte. Este conjunto de incertidumbrestambién contribuye a dificultar el acceso a financiación para los proyectos de hidrógeno, a pesar de que los principales promotores a nivel mundial son grandes empresas del sector energético con capacidad financiera abundante. Desde una mirada global en cuanto a la sostenibilidad, igual de importante que el factor económico es contemplar las posibles consecuencias ambientales y sociales que conlleva el desarrollo a gran escala de este nuevo sector productivo. En la esfera ambiental, si bien se espera contribuya en forma significativa a reducir las emisiones de GEI, la construcción de infraestructura para las energías renovables y la logística asociada al hidrógeno, al igual que las tecnologías de producción y usos finales conlleva impactos ambientales asociados. La huella de este tipo de instalaciones es significativa en cuanto a su impacto en los ecosistemas y al consumo de materiales, especialmente minerales críticos. También el consumo de agua de la electrólisis es un factor de impacto significativo, especialmente en regiones con déficit hídrico y que debiera estar alentando en mayor medida proyectos que se abastezcan de agua de mar o aguas residuales.
En lo que hace al impacto sobre la sociedad, el desarrollo económico podría traer beneficios como la generación de empleo calificado y la mejora del nivel socioeconómico, especialmente en regiones menos desarrolladas. Sin embargo, también se espera afecte indicadores sociales vinculados a las condiciones laborales en países de la cadena de valor con regulaciones débiles en este campo. Por otra parte, las
extensas áreas ocupadas por las instalaciones de renovables en tierra y mar, al igual que los consumos de agua para la producción podrían interferir con las actividades
tradicionales afectando a las comunidades locales sin que necesariamente se beneficien de esta nueva actividad. En esa misma línea es importante destacar que tal cual está planteado el mercado actual, muchos países mantendrán una dependencia tecnológica del exterior, y es probable que en caso de establecerse un mercado global, los márgenes de beneficio en la producción no sean significativos y la mayor ventaja económica se concentre en los fabricantes de tecnología y la industria de transformación que se abastezca del hidrógeno, por lo que las estrategias de los países productores debieran apuntar a atraer actividad industrial a su territorio.
En el caso particular de Galicia, se encuentra en el contexto de la UE y de España, ambos con estrategias ambiciosas de producción de hidrógeno y la propia Comunidad Autónoma (CA) planteó un objetivo de producción de hidrógeno de 105 mil toneladas, cercano al 25% de los objetivos nacionales. La CA tiene un importante potencial de renovables y más ya de un 75% de su generación eléctrica proviene de estas fuentes. Al momento si bien la información no está sistematizada se relevaron un total de 28 proyectos que incluyen: grandes iniciativas de I+D, proyectos de producción de mediana y gran escala de hidrógeno y combustibles derivados, producción y abastecimiento insitu para aplicaciones de transporte especialmente entorno a puertos e inyección a red de gas natural. Actualmente, no hay producción de hidrógeno verde en operación y varios proyectos están en etapas iniciales, por lo que, pese a sus perspectivas de iniciar actividad entre 2026 y 2027, es probable que haya retrasos. Igualmente, de concretarse los anuncios más realizables se proyecta que para finales de la década la producción anual podría superar las 50.000 toneladas de hidrógeno verde y 400.000 toneladas de combustibles derivados, acercándose al objetivo planteado por la Xunta para 2030. La inversión estimada para estos proyectos en sus fases iniciales es cercana a los 2.000 millones de euros, para lo que varios cuentan con fondos de origen europeo, aunque en algunos casos esperan mayores apoyos para concretar la inversión. La mayoría de los proyectos se ubican en zonas urbanas e industriales, limitando su impacto en áreas rurales. La generación de empleo declarada es positiva, aunque modesta y con variaciones significativas entre los diferentes proyectos.
Galicia presenta un conjunto de condiciones favorables para desarrollar su industria del hidrógeno entre las que se destacan los recursos energéticos e hídricos, las políticas de apoyo de la UE, España y la propia Xunta que además ha reconocido la relevancia de varias de las iniciativas propuestas al declararlas Proyectos Industriales Estratégicos o Iniciativas empresariales prioritarias. También la presencia con instalaciones en la comunidad de importantes empresas energéticas del país y la participación de la banca en proyectos de energías renovables sienta una importante base para desarrollar proyectos en la CA.
Sin embargo, también enfrenta algunas barreras significativas, que complementan a las identificadas en forma general para el sector como la falta de competitividad y la incertidumbre sobre la demanda. La infraestructura actual es insuficiente para la producción, almacenamiento y distribución, limitando su adopción masiva. Aunque hay esfuerzos en I+D+I, los proyectos aún son de pequeña escala, por lo que la alta dependencia de tecnología importada para electrólisis y celdas combustibles persiste. Además, preocupaciones ambientales y sociales, especialmente por la instalación de parques eólicos, generan descontento social y pueden frenar proyectos. Superar estas barreras con un enfoque coordinado y sostenible permitirá a Galicia aprovechar su potencial energético y definir su posición en la cadena de valor del hidrógeno.
En conclusión, a pesar de que el desarrollo del hidrógeno verde representa una oportunidad significativa para transformar la geopolítica energética y reducir la dependencia de combustibles fósiles, su implementación no está exenta de impactos económicos, ambientales y sociales. Aunque presenta una geografía de producción más distribuida, muchos países seguirán dependiendo de unos pocos para obtener los materiales y tecnología necesarios. Por ello, es crucial que cada país o región analice estratégicamente su posición en la cadena de valor del hidrógeno, buscando maximizar los beneficios económicos, preservar los ecosistemas y mejorar el bienestar social. Sin una planificación adecuada y la imposición de condiciones que prioricen el desarrollo de capacidades locales, los países en desarrollo podrían terminar exportando sus recursos naturales con escasos beneficios para sus propias economías.
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